Cuadrantes Sónicos

Sonido Pop-Rock de creación y Artículos Escogidos... Reseñas del Programa "Cuadrantes Sónicos" de Podcast.

viernes, marzo 31, 2006

¿Es usted Fredy Michel?

Enrique Lowe

Esta historia se desmadeja en la Escuela de Arte de la Universidad de Chile, un conjunto de

galpones y de patios con árboles donde hay sectas, bandas y miles de alumnos intentando
pintar o sacar fuera los demonios que alimentan sus procesos creativos. Esta historia es la
de Fredy Michel - o Enrique Lowe- , un estudiante que, por sus obras, por sus salidas de
contexto y por su identidad engañosa se ha transformado en un mito local, motivando
incluso a que una banda de rock lleve su nombre.

La misión, clara. La fórmula, incierta. Había que encontrar a Fredy Michel, alumno de la Escuela de
Arte de la Universidad de Chile cuyo nombre se usó para bautizar, a principios del 2002, a una
banda de rock conocida en Las Encinas - así llaman a la escuela en honor a la calle donde se
ubica- por su carácter antimusical y tarriento. Estrictamente, la banda se llamó Fredi Michel, con i
latina.
El enredo se remonta al momento, años atrás, en que Fredy Michel Lowe Rioseco entró a estudiar
a la escuela. Ese era el nombre con que había sido inscrito en el Registro Civil, pero él estaba en
trámites para cambiarlo por Federico Enrique Lowe Rioseco. Todos, en un comienzo, lo conocieron
como Enrique Lowe, pero en alguna lista de curso se filtraron sus nombres de origen. Incluso, un
rumor no confirmado especifica que uno de los miembros de la futura banda le descubrió un carnet
de identidad en que aparecían esos enigmáticos nombres de pila: Fredy Michel.
Hoy pululan por la escuela los mismos personajes que alguna vez conocieron al culpable de esta
crónica, pero que más bien lo recuerdan por enigmas que dejó en el aire y por anécdotas que
potencian su condición de misterio difícil de precisar.
La historia de Lowe se escribe entre “dicen” y “parece”. Nadie se atreve a afirmar con exactitud
algún dato acerca de su vida porque es hermético en lo que se refiere a ese aspecto. Luciano dice
que tiene cara de cabra, “como las de cerro”; Catalina cree haberlo visto miles de veces pero no
tiene idea de quién realmente es; Sebastián asegura que de tocarlo “es como duro”, y Andrea lo ve
como “un genio dentro de sus peladas de cable”. Lo poco que se sabe es que tiene familia en el
sur, en Los Angeles; que entró a estudiar arte y que al poco tiempo se borró del mapa de un
plumazo hasta regresar un año más tarde. Pero, como dicen sus amigos, la mayoría de las cosas
que tienen que ver con él no se sabe si son verdad o mentira.
Lo que sí está claro es que su huida dio origen al nombre del grupo musical compuesto por amigos
del personaje en cuestión, que decidieron ponerle Fredi Michel a la banda cuando captaron que en
torno al tipo corrían nuevas incertidumbres.
Lo otro que se dice de Enrique Lowe es que es raquítico y que gusta de la buena vida. Que puede
dormir en pocilgas que parecen basurales, pero que toma whisky. Que puede no tener un peso en
el bolsillo, pero los consigue para una sesión de belleza. Que odia a la aristocracia, pero que
intenta vivir con sus lujos. Lo dicen sus amigos, los que lo conocieron cuando llegaba a las
entregas universitarias alcoholizado, enfundado en un abrigo de piel blanco y con los ojos
delineados de negro. Un despelotado pobre. Un talento que apenas alcanza a darse cuenta de su
genialidad y que de tanto en tanto, vía MSN bajo el pseudónimo de oletorito, amenaza con volver a
la capital. Lo último que se sabía es que estaba en el sur junto a su abuela.
El estudiante
Fredy Michel-Enrique Lowe entró a la escuela de arte sin tener idea de quiénes eran Francisco
Brugnoli o Gonzalo Díaz, profesores del plantel. De hecho, tomó el curso de pintura de Díaz -
premio nacional de arte- simplemente porque le pareció de nombre. Dicen que Díaz se transformó
en su gran maestro e influencia, ya que Brugnoli - actual director del Museo de Arte
Contemporáneo- nunca le compró su cuento, a pesar de que Lowe hizo la mayor parte de sus
extravagancias en el curso que él imparte.
Dicen además que donde Lowe erró fue en su manía por dejar volar la imaginación y no
materializar nada. Sus despampanantes ideas dejaban atónito a cualquiera, pero más
sorprendidas quedaban esas mismas personas cuando veían que la propuesta inicial no tenía
nada que ver con el resultado. A la artista Natalia Babarovic le entregó para el examen final de
pintura una chaqueta llena de insignias y parches hecha de varias obras destruidas. Para una serie
de diez cuadros que debía pintar para Díaz, observó los trabajos que hace tiempo venían
desarrollando sus compañeros, tomó un segmento de cada uno de ellos e hizo una réplica a
escala. A Brugnoli lo subió a su “minibús de la muerte” y lo llevó a pasear a Avenida Matta, donde
dicen que, de pura casualidad, el profesor se encontró con un amigo del pasado transformado en
mendigo.
Una performance tras otra. Todas en dirección a una retirada inminente, que caló hondo el día en
que concluía el taller de Brugnoli. Arturo Cariceo, ayudante del curso, recuerda la anécdota. “Había
prometido no aparecer, sin embargo lo hace y se presenta a la comisión evaluadora pegando en
un muro la carta que Kurt Cobain redactó antes de volarse los sesos. En el otro extremo de la sala
se escucha una grabadora donde lo único nítido es la palabra Warhol. Lo que llamó la atención de
todos era que fue su única presentación en plena sobriedad”. Ivo Vidal, artista y guitarrista de la
banda, recuerda que Gonzalo Díaz observaba estupefacto. Díaz, por su parte, explica el punto: “Lo
que yo miraba era cómo instalaba el parlante, cómo se le caía el bolsón, cómo no le hacía el
enchufe o se le caía el papelito que pegaba. Todo era así porque tenía esa cosa de estudiante que
se pone nervioso a la hora de exponer. Cuando ya estaba todo dispuesto y había instalado todas
las porquerías, aprieta play y se escuchan unos tarros y una voz que repetía Andy Warhol-Joseph
Beuys-Pablo Picasso durante media hora. Por su puesto que Brugnoli no se tragó la huevada, pero
él lo que quería era intervenir la seriedad de Brugnoli”.
Después de esa experiencia, Lowe desapareció para siempre de la escuela. Dicen que nunca
estuvo de acuerdo con la institucionalidad artística y que por eso decidió abandonar las “bellas
artes”. Dicen también que quería contribuir al mito y abandonar la carrera poco antes de finalizarla.
La banda
Los Fredi Michel se formaron durante el segundo año universitario, tras la desaparición de Lowe.
Ivo Vidal, viendo que no tenían nombre para el grupo y que la historia del prófugo en algún
momento había unido a cada uno de los participantes del conjunto, propuso la idea. “Cuando se
fue había chipe libre para especular. Los rumores acerca de su identidad empezaron a tomar
vuelo. En ese entonces yo justo estaba tocando con gente de la escuela. Como no hallábamos
cómo ponernos y él se había ido sin decir nada, quisimos tomar el nombre que quedaba vacante.
Era un acontecimiento que nos había unido a todos”.
Aunque el murmullo que pegó más fuerte era que Fredy estaba tramitando los documentos que lo
convertirían definitivamente en Enrique, hoy cuentan que en realidad estaba viajando por Buenos
Aires. Eso dice su amigo Sebastián Sanpieri, quien le dio la noticia de la existencia de la banda a
su regreso. “Le dije: Enrique, el Ivo tiene una banda. Ahhh, qué bueno, ¿y cómo se llama?, me
preguntó. Fredi Michel, le respondí. Quedó helado. Como que no podía creerlo”.
El hecho le hizo comprender que algo estaba pasando en torno suyo. Que aunque él no lo
buscara, su ausencia-presencia, ese concepto que tanto le habían recalcado en la escuela,
generaba reacciones. Decidió pasar por alto lo que pudo haber sido un incidente, pero el siguiente
rumor fue que se había convertido en el presentador oficial de la banda. La verdad es que sólo una
vez, en un bar cercano al Parque Forestal, tomó ese papel. Su intervención estaría grabada. Los
testigos cuentan que salió al escenario en un estado etílico tal que se puso a hablar de su infancia
y de unos perros que tenía. El público aplaudió a Fredy Michel presentando a los Fredi Michel.
El ambiente era denso, oscuro, a todo volumen, propio de una tocata under. Los Fredi Michel
tocaban covers de Gloria Trevi y dejaban sentir la influencia de Los Prisioneros o, para ser más
precisos, de Sonic Youth. “En un primer momento tocábamos rock sucio de corte sicodélico al cual
denominábamos rock antiprogresivo. Luego la cosa derivó - para distanciarnos de los rockers de
verdad- desde ritmos tropicales nostálgicos como el cha-cha-cha hasta otros más actuales como
el ya insoportable reggaetón”, explica Ivo. Según Gonzalo Díaz, los Fredi Michel no son una
excepción a la regla dentro de la escuela de la Chile. “Hay una onda con eso de la banda
desafinada tarrienta. Siempre hay un par de personajes talentosos, al peo, medio perdidos y
temerarios con sus vidas. Aquí se producen bandos agarrados de no sé qué fantasma. Yo no
alcanzo a darme cuenta en detalle del fenómeno”.
Las tocatas se efectuaban en la misma universidad o en uno que otro bar que les abriera sus
puertas. Pero fue en el Museo de Arte Contemporáneo, durante el Salón de Alumnos, donde se
consolidó por fin la historia de la banda y del personaje. Ivo, el guitarrista del conjunto, llenó los
alrededores de la galería con afiches que citaban a una tocata de los Fredi Michel en la sala Pablo
Burchard del museo. Por su parte, Enrique Lowe, que exponía en el mismo lugar, cambió el
nombre de la sala Pablo Burchard y, replicando las letras de bronce de la placa, la bautizó como
Enrique Lowe. Cuando los convocados llegaron al recital, se encontraron con el afiche de los Fredi
Michel enmarcado en la sala Enrique Lowe.
De los Fredi Michel poco queda. Dicen que el conjunto está prácticamente muerto, aunque a veces
patalea. De hecho, al cierre de este artículo daban un recital en el Cine España. Las razones del fin
del grupo original obedecen al distanciamiento de sus integrantes. Algunos fueron expulsados de la
escuela y otros simplemente tomaron otros rumbos. Por su parte, Enrique también había partido. Y
aunque a veces pareciera estar bajo tierra, en ocasiones, también patalea.
El análisis
Hasta ahora, la única manera de desentrañar el mito parece ser por medio del boca a boca. Lo que
es real es que la disciplina no es el fuerte de Enrique Lowe y que cuando mejor produce es
“cuando se arranca con lo tarros”, asegura su ex profesor Enrique Matthei.
Cuentan que una vez estaba en una especie de culto a Vinicio - estudiante del Arcis que murió
atropellado hace algunos años- y que él, a todo pulmón, gritó: “¡Qué bueno que se haya muerto el
Vinicio!”, con la consiguiente perplejidad de los presentes.
Dicen también que todo lo que hace Lowe tiende a mitificarse. Que tiene un intelecto superior,
brillante, pero de grandes contradicciones. “Por una parte está eso y por otra la capacidad de
destruirlo todo sin ningún problema. Busca provocar desproporcionadamente desajustes en un
afán destructivo”, especula Sebastián Sanpieri.
Comentan sus amigos que las tradiciones son importantes para Lowe, al menos en relación al arte.
Admiraba a Adolfo Couve a tal punto, que proyectó hacer sus propias lecciones de pintura en un
cassette dorado que nunca terminó de materializar. Gonzalo Díaz asegura que todas sus entregas
tenían algo genial, que superaba el nivel de propuesta. “Siempre hacía algo propiamente, no
taquilleramente ni impuesto. Sus trabajos mostraban la economía del lenguaje. Como la mayoría
de los estudiantes, era más bien mudo o discursivamente inconexo”. Pintaba en cartones que
apenas preparaba y si la volada artística lo pillaba en un trance alucinógeno no tenía reparos en
pintar arriba de la tapa del W.C., porque él lo que hacía era “obras urgentes”.
Arturo Cariceo dice que Lowe respondía al patrón “self-destroyer”. En la práctica eso se traduce en
tipos que aprovechan su hermetismo creando una especie de “malditismo ondero”. Swen Hauser
(sex symbol por varias décadas), Marcela Moraga (la Kim Deal de Las Encinas) y Juan So
What’cha Want’ Céspedes también hicieron lo suyo dentro de la Escuela de Arte de la Chile. “Su
actitud de intentar hacer algo pero al final no hacer nada siempre me pareció interesante, aunque,
por presión curricular, empezó a producir obras experimentalmente correctas que dialogaban con
el espíritu del curso”, afirma Cariceo, quien, en todo caso, se apura en explicar que a pesar de todo
lo que podía suceder en torno a las obras de Lowe, éstas eras inhibidas habitualmente por las
presentaciones de Producciones con Actitud, un combo de dos alumnos que hacía desde recitales
noise arriba del techo, hasta verosímiles recreaciones de protestas con balines, piedrazos y
lacrimógenas en la sala. “Esta fatalidad en la espectacularidad de las presentaciones de Lowe era
rocanroleramente heiddegereana”.
El regreso
Más de alguna de mis fuentes se refirió a Michel como un místico. Uno hasta lo comparó con
Zaratustra, quien después de vivir en la montaña vuelve a la ciudad a predicar. Lowe se habría
retirado al sur para llevar una vida más contemplativa, pero sus amigos señalaban que debía estar
por regresar. Y no se equivocaron. Oletorito apareció en el chat y me confirmó su arribo a la
capital. Dijo: “Viernes, a la despedida de la Ana, nadie sabe, guarda silencio, nos vemos”.
El asunto es que esta vez su promesa no quedó en el aire y, aunque nuestro encuentro sólo fue
perturbado por un error de locación - desconozco el motivo por el cual Enrique entendió que la
reunión sería en la Biblioteca Nacional- , finalmente lo vi. Es flaco, pero no raquítico. Tiene unos
ojos grandes y rasgados perturbadores, pero su mirada no resulta intimidante. Y no es todo lo
extravagante que se prometía. Quizás por primera vez, aterrorizado por la fama que le daría su
intención de desmitificarse, se mide, incluso, en sus palabras. Lo tengo en frente: el mito sentado a
la mesa de un café, hablando frente a la grabadora.
- ¿Dónde estabas?
- En el sur, viviendo con una tía porque me peleé con mi abuela.
- ¿Qué hacías en el sur?
- Me hice Hare Krishna. Un tipo que vendía pan integral me convenció y me llevó a Concepción.
Pero duré tres días nomás. No me gustó. Era toda una performance, como todo. Como Brugnoli.
- A propósito, ¿qué relación tenías con Brugnoli?
- Lo respeto mucho, pero no entiendo su rigurosidad, esa ficha técnica que se empecinaba en pedir
y que yo no se la iba a hacer. Brugnoli es una performance, la performance que hay que ser para
ser director de un museo. Su pelo, su pinta, todo.
No sé por qué motivo caemos en el robo de la escultura de Rodin del Bellas Artes. El responsable
indirecto, según Lowe: Brugnoli. Dice que es profesor del Arcis y que con todo su rollo de
“ausencia- presencia”, seguro que inspiró a Emilio Onfray en el hurto de la pieza. “Pregúntenle a
él”, recomienda.
- ¿De dónde eres?, ¿puedes contarme tu biografía?
- Nací en Santiago en 1983 y a los cinco años me fui a vivir a Los Angeles porque la familia de mi
mamá es de allá. Tengo otro hermano (disminuye la voz como terminando ese tema), pero no
vivíamos juntos.
- ¿Hasta cuándo te quedaste en Los Angeles?
- Hasta los ocho años, porque ahí nos fuimos a Mendoza, donde mi papá vio una buena
oportunidad para hacer negocio. Importaba artículos de cama de Brasil y los vendía. Mi vieja
atendía el negocio y yo iba al colegio. A los doce volví a Santiago por un semestre y después nos
volvimos a Los Angeles donde permanecí hasta cuarto medio.
- ¿Te gustaba la vida en provincia?
- Me cargaba. Sentía que en Santiago estaba todo, porque allá no había cine ni nada, aunque
ahora más de grande me gusta.
- ¿Y cómo se desarrolló tu veta artística?
- Cuando ya estaba más rebelde, como a los catorce, empecé a leer y a juntarme con otros como
yo. En el colegio leía a los poetas malditos, que era lo máximo que uno podía hacer. Una vez una
profesora me preguntó si había leído a Lemebel, que nunca me gustó, pero tendían a asociarme a
cosas extrañas. También me gustaba Rimbaud. Su desagrado por la burguesía me identificaba.
Porque tomarme un whisky no cambia mi pensamiento.
- ¿Cuál fue tu primera impresión cuando entraste a estudiar arte a la Chile?
- Conocí la escuela, vi su infraestructura y ahí me di cuenta de que no era como la Academia de
Bellas Artes. Pero yo no sabía nada de Díaz, de Brugnoli ni de nadie. No estaba consciente de lo
que era el arte, porque veía los trabajos de mis compañeros, algunos súper sucios y les
preguntaba: ¿esto es arte?
- ¿Y tus trabajos cómo eran?
- Mis trabajos los pensaba mucho, aunque aparecieran a última hora. Era súper riguroso en qué
mostrar o no.
- ¿Es cierto que la mayoría los hacías drogado?
- Eso fue una vez que desarrollé la marca Born Free. La noche anterior me había quedado en la
casa de un amigo y estábamos súper drogados. Le dije que tenía una presentación y que me
acompañara como mi modelo. Llegamos y se estaban todos retirando. Lo llevé a una parte de
atrás de la escuela donde había un espantapájaros. Lo puse ahí e intenté hacer una circunvalación
por el campus. Comprendí que algo visual podía armar la obra, aunque no tuviese mucho
contenido. Era para Brugnoli.
- A Brugnoli también lo llevaste en el minibús de la muerte.
- Es que me interesa esa cuestión de la muerte. Quizás tenía que ver con que yo también me iba a
salir de la escuela. Lo veía venir.
- Por eso la obra de Kurt Cobain.
- Para eso yo ya venía medio muerto porque había entregado no más del cincuenta por ciento de
los trabajos correspondientes. Pero Cariceo me incitó a presentarme con una obra que quedará en
la memoria o casi. La carta de Cobain me identificaba. De alguna manera yo también había llegado
a ese punto. Habla de los fanáticos, de que ya no quiere más de eso, y yo me estaba despidiendo
del fanatismo institucional, artístico. Fue todo muy displicente. Hasta que Brugnoli me pidió la ficha
que yo no había hecho y me puse todo nervioso. Pero cuando me iba yendo, Gonzalo Díaz
tarareaba: “Annnndy Waaarhol”.
- ¿De qué más hablan tus obras?
- De mi vida, de la intimidad de Enrique Lowe. De la problemática arte y vida. Como Warhol: yo
caché que eran cosas sencillas, propias, que tenían que ver con su temple. Los temas más
recurrentes en mis obras son la muerte, el olvido, la rebeldía.
- Pero generalmente las obras quedan y los artistas quieren que se perpetúen.
- Lo clásico en el arte es el no olvido. La obra que se transforma en una especie de monumento.
Mis obras no quedan registradas más que en la memoria.
- ¿Por qué dicen que nadie sabe nada tuyo?
- No sé, dicen de todo.
- ¿Pero tú estás consciente de que eres una especie de mito dentro de la escuela?
- Cuando el Ivo le puso el nombre a la banda, caché que algo estaba pasando. Nunca he querido
mostrarme mucho, pero parece que al no mostrarse uno termina exponiéndose más. Yo creo que
es un problema de expectativas. Quizás la cagaba contando todo lo que iba a hacer, pero que
finalmente no hacía.
- Lo que sí hiciste fue cambiarte el nombre.
- Sí.
- ¿Por qué?
- (A estas alturas ya no le está gustando tanto el tema) En honor a mi padre que murió y se
llamaba Fredy Enrique. Ahora mi cédula dice Federico Enrique Lowe Rioseco.
- ¿Por qué se generó tanto boche con este tema? Dicen que te fuiste a arreglar papeles y
que te pillaron un carnet.
- Lo del carnet no lo recuerdo, y lo de que me fui a arreglar papeles es mentira porque andaba en
Buenos Aires paseando. Ojalá esto sirva para parar la cosa.
- ¿Se acabó el mito?
- Es que la banda ya no existe y Fredy Michel ya sabes lo que pasó con él: se suicidó.


Por:
Pilar Ovalle

3 Comments:

At 1:05 p. m., Anonymous Anónimo said...

yo me pregunto, ¿por que te intereso este articulo? que lo llegaras a poner en tu blog, ¿conocias al grupo? o ¿que te llamo la atencion?

 
At 10:09 p. m., Blogger PANI said...

La verdad me atraen las historias de personajes interesantes, que podrían estar al lado de uno con su propio cuento y que a simple vista los desechamos por freak o simplemente por buscar algo que a uno le parece una sobrecarga o simulación forzada de lo que realmente sienten... Creo que en este caso, el reportaje me interesó, tanto por sus actitudes como por la búsqueda que plantéa quien lo escribió... lo del grupo de rock, lamentablemente no los he escuchado y por lo tanto, para mí por lo menos están en segundo plano... Eso.

 
At 12:35 p. m., Blogger Enrique said...

Hola necesito contactar de manera urgente al administrador del sitio.
Escribir a marinieri@me.com

 

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